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Es finalmente octubre, lo que significa de Halloween está a la vuelta de la esquina. Es la época del año cuando el clima se pone más frío, y las historias de miedo reinan. Con tan grande como un estado de California es, no debería ser ninguna sorpresa que hay una gran cantidad de mitos y leyendas de miedo que hay sobre el lugar que llamamos hogar.


Una de estas historias, es la leyenda de la mascota del diablo escondido en Elizabeth Lake en el condado de Los Ángeles. Misioneros españoles nombraron la Laguna del Diablo.


De acuerdo con varias leyendas, el mismo diablo tallado del lago para albergar su mascota. Fue una temible criatura con alas de murciélago, un cuello largo, seis patas, y una cara corta. La criatura se rumoreó para emitir un hedor horrible, y fue de alrededor de 50 pies de largo!

El primer avistamiento de esta horrible criatura, fue en 1830 cuando un ranchero construyó su rancho a lo largo de las orillas del lago. Todo parecía ir bien, hasta que un incendio quemó todas las estructuras en una sola noche.

Más tarde, en la década de 1850, cuando fue restablecida la propiedad, los colonos finalmente todos huyeron a extrañas circunstancias que rodean la zona. Ellos serían despertados a media noche por gritos y otros ruidos profanas. Ellos estaban plagados de extrañas visiones hasta que huyeron de la zona por el bien de su propia cordura.

Con el paso de los años, numerosos ganaderos y colonos trataron de construir una vida a lo largo de las orillas del lago, pero cada uno fue perseguido lejos en el tiempo. Muchos ganaderos informaron de que algo estaba por ahí, comiendo su ganado. Otros experimentaron gigantes, sombras aladas volando sobre sus hogares. Los que vieron la bestia, trataron de poner fin a la existencia criaturas con sus armas. Desafortunadamente para las personas, las balas rebotaron inofensivamente de la piel monstruos.

Mientras que esta criatura ahuyentó a muchos hombres, había uno que se negó a dar marcha atrás. Miguel Leonis no permitiría que esta criatura continuara hacer de su ganado una comida. Se quedó a la espera de la bestia, y tuvo su oportunidad, abrió fuego contra el monstruo. Al igual que las leyendas indican, las balas rebotaron en la criatura. Ni siquiera rosaron el monstruo.

Leonis, sin embargo, no fue disuadido. Acusó a la bestia, atacándola con la culata de su rifle. Se las arregló para aterrizar golpes en la cara de la criatura, dañando su ojo. El monstruo huyó al lago, donde estaba escondido, recuperándose del ataque, y esperando para hacer su siguiente movimiento y obtiene su venganza.